Ventajas Competitivas
Tras ganarse la vida en diferentes oficios, Moisés emprendió la experiencia de vender productos de manera ambulatoria. Es así que se inicia en la venta de pescado en los alrededores de «Mercadería», un concurrido mercado ubicado en los jirones Áncash y Maynas del célebre Barrios Altos, Cercado de Lima.
Con catorce años de edad, Moisés se levantaba muy de madrugada todos los días de la semana para ir al terminal pesquero de Ventanilla y comprar pescado fresco que trasladaba hasta su punto de venta en gruesas bolsas de plástico cargadas de hielo para conservar mejor el pescado. Esto le valió ganarse la envidia de los demás comerciantes, quienes veían cómo los clientes preferían el pescado fresco que él vendía a precios razonables.
La hostilización de los comerciantes envidiosos llegó al punto de enviar a su puesto, ubicado al final de la esquina formada por los jirones Áncash con Huánuco, a los ladronzuelos de la zona para que le robaran su mercadería, pretendiendo así amedrentarlo y hacer que se retirara. Esta situación no duró mucho tiempo, ya que, gracias a su poder de persuasión, Moisés convenció a los ladrones de que mejor se instalaran a su lado y, en lugar de robarle, él les facilitaría algunos pescados para que también los vendieran y aprovecharan las ventajas de ofrecer productos de calidad a precios cómodos. Fue así que los malandrines dejaron de robarle y se convirtieron en sus amigos, dedicándose desde entonces a ganarse la vida honestamente.
Al mes de iniciarse en la venta de pescado, Moisés pudo adquirir su primera carreta para poder ofrecer sus pescados de manera más cómoda. Esto llevó a que, poco tiempo después, esa carreta se convirtiera en una súper carreta, ya que los clientes aumentaron al punto de que se vio en la necesidad de contratar ayudantes.
A la edad de 17 años, Moisés continuaba atendiendo su negocio. Como siempre, se levantaba de madrugada para ir al terminal pesquero de Ventanilla, para luego, a las dos de la tarde, salir presuroso al instituto «Arteta Tersi», que se encontraba al interior del colegio «Alipio Ponce», ubicado en la avenida Los Incas del Cercado de Lima, y al cual llegaba a pie desde su puesto de venta en Barrios Altos.
En muchas ocasiones tuvo que llegar a clases sin tiempo para asearse, llegando incluso oliendo a pescado y con las manos laceradas por los cortes propios del oficio. Aún recuerda las veces que cabeceaba en plena clase debido al cansancio de sus amanecidas en Ventanilla. No obstante, el interés por sus estudios lo llevó a vencer estos y otros obstáculos. Una de las medidas que tuvo que adoptar para mejorar su nivel de aprendizaje fue cambiarse al turno noche del «Instituto Argentina», ubicado en la avenida Alfonso Ugarte.
En la calle ya no era víctima de los ladrones que alguna vez asediaron su negocio de pescado; ahora eran los agentes de la Municipalidad de Lima y los de Serenazgo a quienes tenía que sortear diariamente para poder continuar vendiendo en el mismo lugar.
El duro trajín de las madrugadas para adquirir pescado fresco y el contacto directo con el hielo durante las duras noches de invierno pronto le pasaron la factura. Una infección a las vías respiratorias lo obligó a dejar el puesto de venta de pescado a cargo de sus ayudantes, dedicándose él a la comercialización de otros productos que no pusieran en riesgo su quebrantada salud.
