HISTORIA

La historia de Moisés Mieses Valencia se inicia en el asentamiento humano «Ancieta Alta», del distrito de El Agustino. La extrema pobreza que lo rodeó durante su niñez marcó a fuego su personalidad.

A la temprana edad de ocho años, se dio cuenta de que la única manera de superar las adversidades de la vida era trabajando. Fue así que comenzó a ganarse sus primeros centavos vendiendo agua y colocando flores en el cementerio El Ángel, o cuidando carros en el camposanto contiguo, el Presbítero Maestro.

Sin duda, el entorno laboral no estaba libre de dificultades. A punta de personalidad, tuvo que ganarse el respeto de otros niños que, por dedicarse a robar a la gente que iba a visitar las tumbas de sus deudos, así como las flores y las lápidas, eran conocidos como «pirañas».

Moisés supo desmarcarse de este grupo de malandrines dedicándose exclusivamente a trabajar honradamente. Ya sea vendiendo agua y flores en los cementerios, o lustrando zapatos y vendiendo marcianos, Moisés fue consciente, desde temprana edad, de que solo podría salir adelante a base de trabajo y más trabajo. De esa manera iba a poder solventar sus gastos y ayudar a sus hermanos menores. Por esta razón los «pirañas» lo veían como bicho raro y lo fastidiaban, pero no lo amilanaban; él seguía adelante en su empeño por llegar a ser un hombre de bien.